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Catequesis Padrenuestro miércoles 10 de abril de 2019

11 abril 2019, 0 comentarios, en NOTICIAS

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En este día el Santo Padre prosiguió con su serie de catequesis sobre el Padrenuestro, adentrándose en “el campo de nuestras relaciones con los demás”, pues, como él mismo dijo, tras pedirle el pan de cada día, Jesús nos enseña a pedirle al Padre el perdón por nuestras ofensas: «Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»(Mt 6,12).

 

El Papa se extendió hablando sobre los “pecados escondidos”, pues “hay pecados llamativos que hacen ruido, pero también hay pecados sutiles que se anidan en el corazón sin que nosotros nos demos cuenta”. Como señalado anteriormente, “el peor de estos es la soberbia”, que según el Pontífice, “también puede contagiar a las personas que viven una intensa vida religiosa”. “El pecado divide la fraternidad, el pecado nos hace presumir de ser mejores que otros, el pecado nos hace creer que somos como Dios”, añadió. En cambio ante Dios – dijo aún Francisco – todos somos pecadores, y tenemos razones para golpearnos el pecho, ¡todos!

 

“Si quieres engañarte a ti mismo, di que no has pecado: te estás engañando a ti mismo, ¿eh?”, advirtió.

 

Escuchar la historia de alguien que ha cometido un error

 

Concluyendo la catequesis el Santo Padre incentivó a que tratemos de escuchar “la historia de alguien que ha cometido un error”, como la de un preso, un condenado o un drogadicto. “Sin perjuicio de la responsabilidad, que es siempre personal – dijo – te preguntas a veces quién debe ser culpado de sus errores, si sólo su conciencia, o la historia de odio y abandono que alguien lleva consigo. Ese es pues, “el misterio de la luna”: amamos ante todo porque hemos sido amados, perdonamos porque hemos sido perdonados. Y si alguien no ha sido iluminado por la luz del sol, se vuelve tan frío como el terreno en invierno.

 

n este día el Santo Padre prosiguió con su serie de catequesis sobre el Padrenuestro, adentrándose en “el campo de nuestras relaciones con los demás”, pues, como él mismo dijo, tras pedirle el pan de cada día, Jesús nos enseña a pedirle al Padre el perdón por nuestras ofensas: «Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»(Mt 6,12).

 

Por muy santa que sea nuestra vida siempre somos deudores ante Dios

 

«Consideramos hoy la petición del Padre nuestro, que dice: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. En toda oración del cristiano se contiene una petición de perdón a Dios, ya que por muy santa que sea nuestra vida siempre somos deudores ante Dios. Por eso la soberbia es la actitud más negativa de la vida cristiana. Se arraiga en el corazón sin que muchas veces nos demos cuenta, e incluso afecta a las personas que llevan una intensa vida religiosa. Nos hace creer que somos mejores que los demás, casi semejantes a Dios, amenazando así con romper la fraternidad».

 

Francisco señaló que el cristiano que reza, en primer lugar, pide a Dios que le perdone sus deudas, es decir, sus pecados, las cosas malas que hace y esta es la primera verdad de toda oración. Y esto, ¿por qué? Pues, el Pontífice explicó que “estamos en deuda sobre todo porque en esta vida hemos recibido tanto: la existencia, un padre y una madre, la amistad, las maravillas de la creación.... Aunque todos pasemos por días difíciles, debemos recordar siempre que la vida es una gracia, es el milagro que Dios extrajo de la nada”.

 

Somos deudores por todo lo que hemos recibido: es el mysterium lunae

 

El arriba mencionado es sólo el primer motivo por el cual estamos en deuda con el Padre. En segundo lugar, el Papa dijo que “somos deudores porque, incluso si logramos amar, ninguno de nosotros puede hacerlo con las propias fuerzas”. Y, ¿cómo es esto? En la catequesis en italiano, subrayó que “podemos amar, pero con la gracia de Dios”. Hablando en español, resumió ambos motivos:

 

«En definitiva, somos deudores porque todo lo hemos recibido: la existencia, los padres, la amistad, la belleza de la creación… En nuestra vida personal se refleja también como un mysterium lunae, es decir un misterio de la luna. Al igual que la luna no brilla con luz propia sino que refleja la luz del sol, también nosotros reflejamos una luz que no es nuestra, sino que la hemos recibido. De esta manera, si amamos es porque hemos sido amados; si perdonamos es porque antes hemos sido perdonados. Y en esta cadena de amor que nos precede reconocemos la presencia providente de Dios que nos ama. Ninguno ama a Dios tanto como Él nos ha amado a nosotros. Basta que miremos a Cristo en la cruz para descubrir la desproporción entre su amor y el nuestro».

 

La soberbia es el peor pecado escondido

El Papa se extendió hablando sobre los “pecados escondidos”, pues “hay pecados llamativos que hacen ruido, pero también hay pecados sutiles que se anidan en el corazón sin que nosotros nos demos cuenta”. Como señalado anteriormente, “el peor de estos es la soberbia”, que según el Pontífice,  “también puede contagiar a las personas que viven una intensa vida religiosa”. “El pecado divide la fraternidad, el pecado nos hace presumir de ser mejores que otros, el pecado nos hace creer que somos como Dios”, añadió. En cambio ante Dios – dijo aún Francisco – todos somos pecadores, y tenemos razones para golpearnos el pecho, ¡todos!

“Si quieres engañarte a ti mismo, di que no has pecado: te estás engañando a ti mismo, ¿eh?”, advirtió.

 

Escuchar la historia de alguien que ha cometido un error

 

Concluyendo la catequesis el Santo Padre incentivó a que tratemos de escuchar “la historia de alguien que ha cometido un error”, como la de un preso, un condenado o un drogadicto. “Sin perjuicio de la responsabilidad, que es siempre personal – dijo – te preguntas a veces quién debe ser culpado de sus errores, si sólo su conciencia, o la historia de odio y abandono que alguien lleva consigo. Ese es pues, “el misterio de la luna”: amamos ante todo porque hemos sido amados, perdonamos porque hemos sido perdonados. Y si alguien no ha sido iluminado por la luz del sol, se vuelve tan frío como el terreno en invierno.

 

Fuente: Vatican News

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