Día de Reyes

“Llegaron ya los reyes eran tres, Melchor, Gaspar y el negro Baltazar; arrope y miel le llevarán y un poncho blanco de alpaca real …” parafrasea una tradicional canción latinoamericana, mencionando la llegada de los Reyes Magos, para adorar al niño Jesús. Cada 06 de enero, se celebra el día de Reyes; tradicional celebración en la que se dan regalos a los niños y se consume una deliciosa rosca de pan, adornada para la fecha.

En nuestro país, se rememora la llegada de los sabios de Oriente, con la celebración de la Santa Eucaristía y la semblanza de cuan importantes son estos personajes, en el gran regalo de Belén.

Según la tradición, Melchor, Gaspar y Baltazar llegaron de Oriente para visitar a Jesús recién nacido. Su guía fue una radiante estrella e iban en tres camellos, según unos historiadores, mientras otros afirman que fue un caballo, un elefante y un camello su medio de transporte, aludiendo a que el lugar de origen de los tres, no sería Oriente precisamente.

A pesar de eso; la llegada de los sabios a 2020 años transcurridos, muestra tres signos visibles de esta gran visita:

1.- Adoración

Sin dudar, se postraron y adoraron al Rey de reyes, ya no buscaron entre brillantes estrellas, porque habían encontrado al sol radiante. Fue un amor a primera vista, el mismo que debemos tener con Jesús al conocerlo, al que debemos adoración y agradecimiento, por llegar a ser como nosotros y en nuestra humanidad, dar su vida para la redención de los pecados.

2.- Regalo

Incienso, que eleva la oración hacia el Padre misericordioso, mirra que recuerda la humanidad de Jesús y oro que representa la divinidad del hijo de Dios. Tres regalos imprescindibles para el dador de la vida; a pesar de eso, los ilustres visitantes dieron el corazón, posada perfecta para el amor de Jesús, la ternura de María y la sabiduría de José.

Qué mejor regalo, que dar el corazón ¿Verdad?

3.- Agradecimiento

Su nacionalidad, color de piel o clase social; no incidió en su afán de conocer a Jesús; siendo reyes, dejaron sus tierras y lo visitaron. Su procedencia representa a todos los pueblos y naciones del mundo, que, desde nuestra cultura, tradición, lengua y cosmovisión, agradecemos a Dios, por el regalo perfecto para Navidad, su hijo, el Salvador, el Mesías, el Señor.

En fin, podemos llegar con incienso, mirra y oro; o con arrope, miel y un poncho de alpaca real; más allá de que la intención cuente, debe primar nuestro anhelo de conocer a Jesús, dejarnos conquistar por su mirada en el portal de Belén y encontrarlo en aquel que tiene frio, que pasa penurias y que necesita ser amado; no olviden que no hay muestra de amor más grande, que dar la vida por el prójimo.

 

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