Esperar contra toda esperanza

Creo en Dios y creo en la humanidad. Dios está aquí, en mitad de nuestra aventura. Jesús es el valor divino de lo humano y el rostro humano de lo divino.

En estos momentos de crisis mundial, en tantos sentidos y aspectos, es tiempo de desempolvar la esperanza que se apoya en la fe, en la fe en Jesús.

Contra los que piensan que no hay por qué buscar sentido ni finalidad a las cosas, a la creación, a la humanidad, a la vida personal; nosotros defendemos el sueño y el proyecto de Dios que engendra y saca adelante a sus hijos.

Contra los catastrofistas que creen sólo en el Dios juez y ven sólo los pecados del mundo, defendemos que el Reino de Dios está aquí, que la levadura está en la masa y Dios es la levadura, la semilla que germina, el Libertador, el Padre que trabaja por sus hijos, y que, por la fuerza del Espíritu, Dios nos quiere y es poderoso, porque está aquí su Viento, su Espíritu.

En el camino de la vida pasa de todo, parece que todo se derrumba, que no hay esperanza; vemos destrucción como Jeremías. La humanidad pasa por dolores de parto, degeneraciones y sufrimientos. En la vida de cada uno puede cruzarse el mal, pueden morir los seres queridos, los planes se pueden truncar por un cáncer, puedo ser esclavo de mis pecados y puedo morir, y moriré.

Pero nada es más fuerte que nuestra fe en Jesús: ¡Dios compartió nuestra humanidad y por eso estamos seguros! Dios está presente en la aventura de la vida y, ni la vida ni la muerte, ni el pecado ni ninguno de los poderes destructores podrá contra la humanidad, porque Dios está en y con ella.

Ésta es nuestra fe y hay que celebrarla. Pero… ¿hay señales en el mundo de la presencia de Dios? ¿hay señales de esperanza? ¡Sí!, sí hay señales, veamos:

  • La "guerra" no es sinónimo de "gloria" o "valor" sino de desgracia, error y calamidad.
  • Aunque producimos pobreza y explotación, lo sentimos como un mal y lo hacemos disimulándolo y escondiéndolo, sabiendo que está mal.
  • Jóvenes que se comprometen en grupos de solidaridad y cooperación.
  • La preocupación, cada vez mayor, por la ecología y el temor por la destrucción de la tierra.
  • Las religiones son cada vez más fermento humanizador y unificador de los pueblos, y se avergüenzan de haber matado en nombre de Dios.
  • Los niños pobres y descartados, en un mundo ruidoso, rico, insaciable buscador de los placeres de la noche, siguen siendo esperanza.
  • Hay mucho viento del Espíritu en este tercer milenio, mucho motivo de celebración... y mucho, muchísimo trabajo por hacer.
  • Celebramos la Eucaristía, comulgamos con Jesús como Jesús comulgó y comulga con nosotros. Decimos sí a los compromisos Bautismales y al proyecto de Jesús: trabajar por hacer divino lo humano, porque los hijos seamos hijos, porque nadie sea oprimido, ni por la pobreza ni la ignorancia ni por la violencia ni por la injusticia ni por el desamor ni por la falta de fe.

Los creyentes y personas de buena voluntad en el mundo entero, estamos, quizás hoy más que nunca, tentados de desesperanza. Hoy, un cúmulo espantoso de amenazas a la humanidad y a nuestra existencia, se parecen a los monstruos del Apocalipsis, aterradoramente invencibles.

Los creyentes, no tenemos soluciones milagrosas, no somos el Mesías, no somos la luz de la humanidad para cada problema familiar, social, político o económico; no tenemos la fórmula mágica para acabar con el terrorismo; ni con la explotación ni la destrucción del planeta; ni con los nuevos virus…

Pero tenemos la Palabra, tenemos tres palabras para hoy:

1° CREO. Y porque creo, espero. Ningún desastre, ningún escándalo, ninguna inhumanidad podrá destruir nuestra esperanza. En las difíciles situaciones del mundo, del país, de la tierra, los cristianos estamos comprometidos a mantener la esperanza, movidos por nuestra fe en Dios hecho hombre.

2° COMULGO. Con Jesús y con toda la humanidad. Hoy más que nunca, aceptar a Jesús, es entender la vida como misión y compromiso. En comunión con Jesús y con la humanidad, construir el Reino, es la manera de ser cristiano.

3° SIEMBRO. El reino no se construye, se siembra. La masa no se organiza, se fermenta. La paz no es el resultado de pactos de conveniencia, sino de cambio de los corazones. La solidaridad internacional no es un ejercicio de economistas sino una cuestión de compasión y con-pasión.

Como personas, tenemos un oficio, una profesión, una función social. Como cristianos, tenemos una misión más profunda, mucho más silenciosa, personal y exigente: ser personas humanas y sembrar humanidad.

Urge una "santidad" y una conversión personal a los valores del Evangelio; sólo personas profundamente humanas construyen humanidad. El Evangelio no nos da fórmulas políticas o económicas, ni soluciones concretas para problemas concretos. Los problemas de la humanidad sólo los resolverán personas con unas actitudes y valores muy humanos y, esos valores y actitudes están en el Evangelio, valores que nos comprometemos a vivir y a sembrar.

Hacerlo con la vida y la palabra, es la misión de los cristianos y de la Iglesia.

Padre Marco Bayas.

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