"Se necesitan jóvenes apasionados por Dios"

A la palabra desafección se la define como la falta de interés, simpatía o cercanía a un grupo social, persona u organización. Dentro de la religión se centran varias instituciones eclesiales que bajo una espiritualidad buscan formar y atraer simpatizantes o creyentes. Desde los albores de este siglo la presencia de los jóvenes ha marcado un registro latente de desarrollo tecnológico y social, lugar donde ellos pretenden dejar huella, ser luz o nadar contracorriente; minimizando la importancia de la religión como fuente de trascendencia.

Ante esa realidad ¿Dónde está el telón de Aquiles para que exista esa desafección religiosa?; ¿En la iglesia o los jóvenes?

Existen diversas religiones en el mundo y el cristianismo sigue siendo un tabú para la juventud, a pesar de que cerca de 2180 millones de personas se consideran cristianos. Con la modernidad, la sociedad da un giro de 360 grados al saber que el humano es el centro de la tierra, ya no se habla de teocentrismo y de alguna manera ha influido para que los jóvenes empiecen a alejarse de la iglesia, dogmatizados por el individualismo y la razón, dejando sin bases solidas la enseñanza de la iglesia que es vivir en comunidad.

Carmita Coronado; teóloga, docente y biblióloga cree que el génesis para que los jóvenes dejen la iglesia, comprende dos dimensiones. La primera se debe a una mala educación religiosa, se ha limitado a los jóvenes a recibir información de contenido doctrinal y eso ocasiona que se cuestionen; ¿Para qué me sirve?

Pero aparte de ser una desazón, es una oportunidad; para Carmita la segunda dimensión apuesta por los jóvenes que tienen una necesidad de trascender en su vida y eso hace escarbar cual es la respuesta a un posible vacío existencial. “Las respuestas las da su acercamiento a la categoría noética espiritual, aquella que no se puede medir pero que existe, llamada inteligencia espiritual…” (Coronado, 2016) esa necesidad de buscar un yo interior, un motor invisible para caminar y cuestionarse.

Otra causa que genera esta disolución, es la nula perseverancia de los jóvenes en una sociedad dónde la crítica y diversas expresiones ideológicas están a la vuelta de la esquina. Las expresiones religiosas como rezar, vestir de cierta manera, tener varios simbolismos o guiar una novena, han provocado el cuestionamiento de los jóvenes y por ende su ausencia dentro de la iglesia.

Cabe recalcar que estas deben ser expresiones de la espiritualidad que se van despertando a través de una pedagogía que toque la interioridad de los jóvenes. La misión de los vitalicios eclesiales, es enseñar la pedagogía de Jesús, mostrar que es un método o camino que ayude a tocar la interioridad. Cuando Jesús habla, toca el corazón, ahí se despierta la fuerza interior del ser humano, entender que ser solidario me hace feliz, logra una atracción de la juventud.

Por ello, en pleno siglo XXI la iglesia debe usar estrategias o espacios de jóvenes para jóvenes; recordemos lo mencionado por el Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro: “… ¿Saben cuál es el mejor medio para evangelizar a los jóvenes? ... Otro joven. Éste es el camino que hay que recorrer” (Francisco, 2013) bajo la orientación y asesoría de adultos, viviendo en comunidad, destacando los dones juveniles y haciéndoles valiosos ante su realidad.

El Papa Francisco también menciona:

… sobre la exclusión de los jóvenes, el porcentaje que hay de estos sin trabajo, sin dinero, es muy alto y es una generación que no tienen experiencia de la dignidad ganada por el trabajo, esta generación nos ha llevado a excluir las dos puntas (ancianos y jóvenes) que son el futuro nuestro…” (Francisco, 2013)

Pero no solo el Papa y líderes eclesiales opinan esto; Lluís Duch, antropólogo, teólogo, historiador, monje y autor de varias obras ligadas a la espiritualidad cristiana cree que esta sociedad agrede a la juventud, de hecho el afirma que esta agresión es heredada por la esencia del totalitarismo; “El capitalismo es un ente agresivo, porque justamente es muy moral, pero no es en absoluto ético, lo cual es una perversión importante.” (Duch, 2013)

Mencionando el tema de la moralidad, Duch, intenta dar una respuesta solvente a este problema; sus afirmaciones se basan en creer que una buena parte de la juventud cristiana es muy moralista, moral al sentido grupal, la moral al contrario que la ética, necesariamente tiene que articularse en códigos grupales y precisamente este ser tan moral provoca no ser ético.

Las instituciones de evangelización cristiana y medios de comunicación, son fundamentales al momento de pescar jóvenes, por la presencia de la era digital y conocer el mundo en el que estos se desenvuelven, por ejemplo, la presencia en redes sociales sobre las Jornadas de la Juventud o difusión de encuentros vocacionales, hacen que el joven vea como la Iglesia converge junto a ellos.

En la década de los ochenta, los grupos juveniles tomaron fuerza ante la inmersión del papel protagónico del laico en la labor de evangelización. Con el Concilio Vaticano II, Juan XXIII abrió paso a este tipo de procesos que no sólo involucre el activismo, sino una verdadera formación propia de las exigencias contemporáneas. Si la Iglesia carece de jóvenes, es por falta de líderes, el joven debe hallar sentido, celebrar la vida y trabajar en una re significación de lo que es espiritualidad y religión.

Por último, esta desafección se acrecienta por la discordia entre cristianos; muchos de los jóvenes sean cristianos católicos o protestantes se dedican a atacar al otro, sin recaer en que el cristianismo es el tronco y recoge las enseñanzas de Jesús, todos los cristianos bebemos de la misma fuente, quizá las maneras de beber pueden cambiar, pero el sustento es el mismo.

En fin, la religión es histórica, la práctica, transmitida y la espiritualidad es personal; muchos jóvenes van a la iglesia por obligación, pero en esta sociedad el joven tiene libertad de cuestionarse y hallar su sentido espiritual, un sentido que puede despertar con la cotidianidad de la vida y se plasme en una invitación difícil de rechazar “Jesús nos pide que le sigamos toda la vida… nos pide que juguemos en su equipo… nos ofrece algo más grande que la copa del mundo… ¡Queridos jóvenes seamos auténticos atletas de Cristo!” (Francisco, 2013)

Algunas Cifras

Jóvenes y sentido de vida

  • Poco más de una cuarta parte (27%) confía en la Iglesia mucho o bastante, un 39% poco y un tercio (33%) nada.
  • Una gran mayoría de jóvenes (64%) opina que la Iglesia debería adaptarse a los nuevos tiempos, frente a tan sólo un (11%)que cree que debería permanecer fiel a sus dogmas; el resto piensa que debería desaparecer, no opina o le da igual hacia dónde vaya la Iglesia.
  • Pese al desapego respecto a la Iglesia, buena parte de los jóvenes confiesa abiertamente su disposición a creer en algo o en alguien (61%) –aun cuando sea irracional– y consideran muy o bastante importante tener un bienestar espiritual en sus vidas (71%), lo cual no debe interpretarse en términos religiosos tradicionales, puesto que la mayoría de los jóvenes (90%) se sienten poco o nada religiosos –61% y 29% respectivamente– y conceden poca (41%) o ninguna (30%) importancia a la religión en sus vidas.
  • Así se desprende del hecho de que un 37% de los jóvenes mantenga que la forma ideal de realizar trabajos de voluntariado sea fuera de una ONG religiosa, frente a un 9% que considera que es mejor desde dentro de una ONG religiosa

Fuente: CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas)

 

Por Cristian Corral Román.

Radio María Ecuador.

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