Verdades que debes saber acerca de tus lágrimas

Por siglos, los cristianos han llamado a este mundo: “valle de lágrimas”. Cristo vino; resucitó y volverá de nuevo. Pero, aún pasamos por el duelo, tenemos dolor y lloramos; caminamos junto a los que pasan por el duelo, tienen dolor y lloran. Caminamos lenta y pesadamente por este valle, con corazones cargados, acongojados por mil y una razones: la familia distante, esperanzas truncadas, seres queridos fallecidos, el trabajo perdido, nuestro desastroso pecado…, etc.

Hoy se llora por tonterías y hay quien llora de alegría. Las lágrimas van de la tristeza a la alegría y, como María Magdalena cuando Jesús la llamó por su nombre, se puede pasar en un mismo momento de un estado a otro. La risa tiene algo de mecánico, mientras que las lágrimas trazan una gama de sentimientos. A veces lloramos porque las penas de la vida se hacen crónicas, llenan nuestra vida y no se van. En otras ocasiones, lloramos porque algún sufrimiento inesperado llega y hace un cráter en nuestra alma. Otras, lloramos y no sabemos bien por qué; pues el dolor escapa a toda descripción y análisis.

Dice el Papa Francisco: “No tengan miedo de llorar en contacto con situaciones difíciles: son gotas que riegan la vida. Las lágrimas de compasión purifican el corazón y los afectos, no debe dar vergüenza, pues Jesús lloraba en los momentos más intensos de su vida, como cuando llora sobre Jerusalén. No tengáis miedo de llorar, somos humanos”. Y dijo a los jóvenes: "¡Al mundo de hoy le falta llorar! Lloran los marginados, lloran aquellos que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar”.

Para los que sufren, la Biblia no pide que sequen sus lágrimas. No, porque llorar es parte de la vida, su mensaje para los que sufren es compasivo y tranquilizador. Veamos lo que dice la Palabra de Dios sobre el Poder de las Lágrimas:

1° Las lágrimas son vistas por Dios, a Él no se le escapa ni una sola.

2 Reyes 20,5: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas y te sanaré. Al tercer día subirás a la casa del Señor”.

Salmo 56,8: “Tú has tomado en cuenta mi vida errante; pon mis lágrimas en tu odre; ¿acaso no están en tu libro?”.

Dios ve el dolor y angustia, nada se le escapa. ¡Él bendice nuestras lágrimas!

2° Dios cambia su proyecto al ver nuestras lágrimas y oraciones.

Isaías 38,5: “Así dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración y he visto tus lágrimas; he aquí, que te voy a dar quince años más de vida”.

Hay que pedir confiando en Dios para que nuestra vida sea de bendición.

3° Jesús Dios y hombre verdadero, también llora.

Hebreos 5,7: “Cristo, en los días de su vida mortal, presentó oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, y fue escuchado a causa de su temor reverente”.

Jesús participó de todas nuestras realidades, no fue ajeno a nada.

4° Hay una diferencia entre sólo llorar y, llorarle a Dios.

Job 16,20: “Pero tengo en los cielos un testigo, allá arriba tengo un defensor. Mi clamor ante Dios habla por mí, mientras mis lágrimas corren ante Él”.

Mientras lloramos, no perdamos la conciencia que el Señor es testigo de nuestro lamento.

5° La oración y las lágrimas van de la mano.

Salmo 39,12: “Escucha mi oración Señor, y presta oído a mi clamor; no guardes silencio ante mis lágrimas; porque forastero soy junto a ti, y como mis padres, peregrino”.

Debemos aprender a conjugar nuestra oración con nuestras lágrimas.

6° El servicio al Señor y las lágrimas, también van de la mano.

Hechos 20,19.31: “He servido al Señor con toda humildad, entre las lágrimas y con pruebas… estén pues atentos, y recuerden que, por tres años, de noche y de día, no cesé de aconsejar a cada uno con lágrimas”.

El trabajo que hacemos por Dios, ¿qué tan frecuente lleva a las lágrimas?

7° El amor al prójimo y las lágrimas van de la mano.

2 Corintios 2,4: “Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón les escribí con muchas lágrimas, no para entristecerles, sino para que conozcan el amor inmenso que tengo, especialmente para ustedes”.

Las lágrimas deben ser un indicativo del profundo amor al prójimo.

8° Debemos llorar por lo que conmueve el corazón de Dios.

Salmo 119,136: “Ríos de lágrimas vierten mis ojos, al ver que no se observa tu Ley”.

¿Cómo son tus lágrimas egocéntricas o Cristo-céntricas?

9° Las lágrimas no son sólo para las mujeres, sino para todos.

Salmo 6,6: “Cansado estoy de mis gemidos; todas las noches inundo de llanto mi lecho, con mis lágrimas riego mi cama”.

Es mentira, que sea una debilidad, el hecho de que los varones lloren.

10° Hay temporadas de lágrimas casi infinitas; pero es sólo eso, una temporada, que se convertirá en una nueva bendición.

Salmo 30,5: “Porque su enojo dura un momento, pero su favor es por toda una vida. Al caer la tarde nos visita el llanto, pero a la mañana es un grito de alegría”.

Salmo 126,5-6: “Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo. El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra, en verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas”.

Ahora mismo en tu dolor, cree que la vida no siempre va a ser así, y no lo será.

11° Muchas veces, la mejor respuesta, es llorar.

Lamentaciones 2,18: “Su corazón clamó al Señor: Muralla de la hija de Sion, corran tus lágrimas como un río día y noche, no te des reposo, no tengan descanso tus ojos”.

¿Cuándo fue la última vez que lloraste por cómo está el mundo? ¿nuestro país? ¿nuestra ciudad? ¿nuestra Iglesia? ¿nuestra familia?

12° Muchas veces Dios no quiere que lloremos más.

Jeremías 31,16: “Así dice el Señor: deja de lamentarte, y seca las lágrimas de tus ojos; ya que tu prueba tendrá su recompensa, pues tus hijos volverán de la tierra del enemigo”.

Si ya lloraste lo suficiente, es tiempo de mirar lo que Dios hará en tu favor.

13° Las personas pueden incomodarse con tus lágrimas, pero Dios no.

Lucas 7,38.44: “Y poniéndose detrás de Él a sus pies, llorando, comenzó a regar sus pies con lágrimas y los secaba con los cabellos de su cabeza, besaba sus pies y los ungía con el perfume. Y volviéndose hacia la mujer, le dijo a Simón: ¿Ves a esta mujer? Yo entré a tu casa y no me diste agua para los pies, pero ella ha regado mis pies con sus lágrimas y los ha secado con sus cabellos”.

No tenemos ninguna razón para esconder nuestras lágrimas de Dios.

14° Dios consuela a los heridos y afligidos.

2 Corintios 7,6: “Pero Dios, que consuela a los deprimidos y humildes”.

Salmo 34,18: “Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu”.

Permitamos que Dios nos consuele, pues es un Dios cercano.

15° Existen dos tipos de lágrimas: las piadosas y las mundanas.

2 Corintios 7,10: “Porque la tristeza que viene de Dios lleva al arrepentimiento que conduce a la salvación, que no se perderá; pero la tristeza que inspira el mundo produce muerte”.

Es hora de examinar las lágrimas, ¿son piadosas o mundanas? ¿Por qué lloras?

16° Es posible llorar sin un real arrepentimiento del pecado.

Hebreos 12,17: “Ustedes saben que después, cuando quiso heredar la bendición, fue rechazado, y no pudo cambiar la decisión, aunque lo pidió con lágrimas”.

Con el llanto, ¿nos hemos arrepentido de todo pecado cometido?

17° Un día, Dios mismo, secará hasta la última de nuestras lágrimas,

Isaías 25,8: “Él destruirá la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de su pueblo sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado”.

Apocalipsis 21,4: “Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado”.

¡Qué bendición más grande tener un Dios tan cercano y amoroso!

Recuerda: “Las lágrimas que se derraman son amargas, pero más amargas son las que no se derraman.”

Padre Marco Bayas. Director Editorial de Radio María Ecuador.

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