Una Sociedad sin Familia, no tiene esperanza

«El hombre es esencialmente un ser social; con mayor razón, se puede decir que es un ser familiar. El futuro depende, en gran parte, de la familia, lleva consigo el porvenir mismo de la sociedad; su papel especialísimo es el de contribuir eficazmente a un futuro de paz”. (San Juan Pablo II)

Karol Wojty?a - San Juan pablo II - siempre tuvo una acertada lectura de los “signos de los tiempos”. También la iglesia Católica, desde el Concilio Vaticano II supo discernir los acontecimientos; profundizó en lo esencial y estableció un diálogo más estrecho con las ciencias humanas y las otras realidades religiosas.

Los tiempos cambian, no hay lugar a dudas. Pero la palabra de Dios y la de su Iglesia permanecen y permanecerán siempre. (Mateo 24, 35)

Pues hay cosas que no pueden cambiar; por ejemplo: el Papa sigue siendo el representante de Cristo en la tierra; Jesús está realmente presente en la Santa Eucaristía; la Amor o la Caridad sigue siendo el mandamiento nuevo y la familia es y seguirá siendo célula básica de la sociedad. Porque sin la familia los pueblos envejecen y pierden su horizonte de la relación natural de hombre y mujer, creados para formar familia con los hijos como regalo del amor que viene del Creador.

Algunas personas y grupos que lideran las nuevas ideologías que tanto atacan a la familia y que buscan minar la conciencia de nuestros hijos. En la actualidad nos quieren hacer pensar que la familia no es importante. Tratan de imponer modelos y conceptos que nada tiene que ver con la familia, pero nosotros como padres, tenemos un lugar preponderante y debemos ser ejemplo para nuestros hijos de cómo se debe vivir en familia, y de ahí su importancia.

El Papa Francisco recalca con frecuencia que la familia sigue siendo la célula básica de la sociedad y la primera escuela en la que los niños aprenden los valores humanos, espirituales y morales que los hacen capaces de ser faros de bondad, de integridad y de justicia en nuestras comunidades.

Las familias tienen una misión indispensable en la sociedad que es la de forjar valores sólidos, altos ideales y sincera preocupación por los demás. Porque la familia tiene “carta de ciudadanía divina” y Dios se la concedió para que en su seno creciera cada vez más la verdad, el amor y la belleza.

Por todo esto, debemos defender la vida y la familia en todo momento ya que una sociedad sin familia no tiene esperanza.

Es importante entonces que, como miembros de una familia, siempre la pongamos antes que cualquier otra cosa u ocupación, así haremos todo lo posible por mantenerla unida. Amar la familia es darle el lugar que le corresponde porque si los miembros de la familia están bien la sociedad y el mundo tendrán un futuro mejor.

Nuestro deber como padres e hijos debe ser con la ayuda de Dios, mantener a salvo nuestro núcleo familiar y defenderlo de cualquier ataque; porque la sociedad actual necesita testimonios creíbles que permitan rescatar esta institución tan fundamental para el futuro de la humanidad que atesora bienes temporales olvidándose de vivir momentos únicos que solo lo puede dar brindar una familia.

Los signos de los tiempos que estamos viviendo, son acontecimientos que van a marcar la historia de la nueva generación de familias, por la conmoción y cambios en las relaciones humanas. Sin embargo, no podemos perder la esperanza y orientación en el plan original.

"Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó. Dios los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos y multiplíquense. Llenen la tierra y sométanla" (Génesis 1, 27-28)

ORACION POR MI FAMILIA

Padre Celestial, nos has dado un modelo de vida en la Sagrada Familia de Nazaret.

Ayúdanos, Padre amado, a hacer de nuestra familia otro Nazaret, donde reine amor, la paz y la alegría. Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística y vibrante con alegría.

Ayúdanos a permanecer unidos por la oración en familia en los momentos de gozo y de dolor.

Enséñanos a ver a Jesucristo en los miembros de nuestra familia especialmente en los momentos de angustia.

Haz que nos amemos más y más unos a otros cada día como Dios nos ama a cada uno de nosotros y a perdonarnos mutuamente nuestras faltas, como Tú perdonas nuestros pecados.

Ayúdanos, oh Padre amado, a recibir todo lo que nos das y a dar todo lo que quieres recibir con una gran sonrisa.

Inmaculado Corazón de María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros. Santos Ángeles de la Guarda, guiadnos y protegednos. Amén.

Por: Hno. Eduardo Bayas Oñate

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