Motivados por Dios

Motivados por Dios

“Un maestro de construcción entrado en años, estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su familia. Extrañaría su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de algún modo.

El jefe vio que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no ponía el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.

Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe inspeccionó la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. "¡Esta es tu casa, querido amigo! -dijo-. ¡Es un regalo para ti!"… Si el trabajador hubiera sabido que construía su propia casa, ¡la hubiera hecho diferente! ¡Ahora vivirá en la casa imperfecta que construyó!”

Construimos nuestras vidas de modo distraído, reaccionando en vez de actuar, y sin poner en esa acción lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos el mejor esfuerzo. Y de repente, vemos lo que hemos creado y vivimos en lo que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, ¡todo sería diferente!

Cada día debemos pensar y vivir como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día ponemos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla a reforzar en nuestra vida. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.

La vida es como un proyecto de “¡hágalo usted mismo!” nuestra vida hoy, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!

¿Te has levantado con espíritu desmotivado? ¿Has perdido las ganas de vivir? ¿O la esperanza de triunfar? ¿Crees que la derrota es tu compañera de camino?

Las empresas buscan “personas motivadas”. “Motivado”, es alguien determinado a triunfar. Sí, esperamos “personas motivadas”; pero, ¿quién motiva al desmotivado? ¡Dios! Un dirigente motivado depende de Dios para dirigir y evitar cualquiera manipulación humana. El desmotivado manipula, ordena e impone; pero el creyente motivado por Dios, deja que Él haga la obra a su manera, y su trabajo es para el Señor.

¿Es bueno ser una persona motivada? ¡Por supuesto! Hay una prueba que nunca falla: “hacer todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10,31) Muchas veces, se obra para alcanzar gloria personal; hacemos las cosas para ser visto por otros.

Después del diluvio, algunos decidieron construir una torre para hacerse famosas y evitar ser esparcidos por el mundo (Génesis 11,4) Su motivación era incorrecta, no obraban para glorificar a Dios. Cuando Salomón dedicó el arca del pacto y el templo recién edificado, declaró: “he edificado la casa al nombre del Señor” (1 Reyes 8,20) Después, oró: “Incline nuestro corazón hacia él, para que andemos en todos sus caminos y guardemos sus mandamientos” (1 Reyes 8,58)

La mejor motivación es agradar a Dios en todo lo que hacemos, sea pequeño o grande, sea en la Iglesia o en la casa o en el trabajo. Personas motivadas hacen las cosas en el Nombre del Señor; hacen bien las cosas en la casa, atendiendo, cuidando y buscando el bienestar de todos. Sirven en la Iglesia con todo el corazón, con humildad, sencillez, responsabilidad, y fidelidad.

El creyente motivado no mira a los hombres, sino a Dios. Tiene un concepto correcto de los siervos de Dios, que son sólo instrumentos, colaboradores y servidores. ¡Y sabe que Dios es todo! ¡Que lo que convence no son nuestras palabras, sino el poder del Evangelio! Que el crecimiento es de Dios y Él juzgará a sus siervos. ¡Sólo Dios puede motivar al desmotivado! ¡Sólo Dios puede hacernos más que vencedores! ¡Sólo Dios lleva al triunfo en Cristo Jesús! ¡Sólo Dios puede levantarnos cada mañana con una determinación a triunfar!

Cuando nuestro mayor deseo es glorificar a Dios y caminar en obediencia, nos transformamos en personas motivadas que buscan amar y servir a Jesús en el poder del Espíritu. Que nuestra oración haga eco a la de Salomón; que sea “perfecto nuestro corazón para con el Señor nuestro Dios, andando en sus estatutos y guardando sus mandamientos” (v. 61) “¡Padre, dame el deseo de obedecerte y de hacer todo para tu gloria!”

¡Qué todo lo que hagas sea para glorificar a Dios! ¡Ten buen ánimo! Terminamos en espíritu de Oración:

Salmo 91: A la sombra del Omnipotente.

Tú que habitas al Amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en Ti".

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás:
su brazo es escudo y armadura.

No temerás el espanto nocturno,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que se desliza en las tinieblas,
ni la epidemia que devasta a mediodía.

Caerán a tu izquierda mil,
diez mil a tu derecha;
a ti no te alcanzará.

Nada mirar con tus ojos,
verás la paga de los malvados,
porque hiciste del Señor tu refugio,
tomaste al Altísimo por defensa.

No se acercará la desgracia,
ni la plaga llegará hasta tu tienda,
porque a sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en tus caminos;

te llevará en sus palmas,
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre áspides y víboras,
pisotearás leones y dragones.

"Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi nombre,
me invocará y lo escucharé.

Con él estaré en la tribulación,
lo defenderé, lo glorificaré,
lo saciaré de largos días
y le haré ver mi salvación".

Bendiciones para todos.

Padre Marco Bayas Oñate.

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