La mirada del Señor

La configuración de la mirada del Señor

Se suele decir que “los ojos son el espejo del alma”, porque al ser esquivos, también son reveladores. Esquivos porque mientras hablas con alguien te puede evadir la mirada y ese ya es un signo de ocultamiento, de miedo, de nerviosismo, de inseguridad. Reveladores, en el sentido de que pueden expresar enojo, furia, miedo, tristeza, alegría, entre otros sentimientos.

Al mirar el cuadro de Cristo crucificado junto a a S. Daniel Comboni, se deja ver la unión de sus miradas, se conectan, se conjugan, se unen, se conmueven. Y eso genera una pregunta ¿Cómo es mi mirada? ¿Con qué ojos miro? ¿Hay sinceridad en mi mirada? ¿O miro evasivamente? ¿Veo con los ojos de carne o veo con los ojos misericordiosos de Jesús? Sin duda al ver la mirada de Comboni configurada con la mirada de Jesús, se pueden generar todos esos cuestionamientos y muchos más.

Y qué bueno que surjan dudas, porque aquello lleva a buscar respuestas, a no quedarse solamente con lo superficial y simplemente admirar el juego de colores de la imagen, sino a profundizar los elementos que la componen. La unión de la mirada de Comboni con la de Jesús, lo llevó a ver más allá y eso es lo que hacen los grandes profetas, ver más allá de la aparente realidad, para así anunciar y denunciar.

Pero para tener una mirada más que clara, una mirada de Cristo, es necesario observar nuestra vida, antes que la vida del otro (Cf. Mt. 7, 3 – 4), y no es que sea un acto egoísta, sino que primero hay que revisar el interior. Luego desde allí, esa realidad configura la mirada personal, con la mirada de Cristo. Es lo que hizo Comboni, el proceso que vivió y así muchos santos a través de los años.

Ahora bien, el hecho no es solo quedarse con la meditación de lo que refleja la pintura, el hecho es que cada persona se pregunte ¿a base de qué configura la mirada? El hecho además de cuestionarse, es también hacer ese proceso de mirar profético “ad intra” (hacia dentro) para luego mirar “ad extra”(hacia afuera). Se trata de dejarse llevar por Dios a través de una respuesta concreta para la unión de las miradas, Dios está allí a la espera de una respuesta para mirar con cada persona.

Por José Rosado

Postulante Comboniano

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