Mensaje del Papa Francisco: Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación 2020

Este 1 de septiembre de 2020 se celebra la sexta Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la creación instituida por el Papa Francisco en agosto de 2015.

Por este motivo, la Oficina de Prensa de la Santa Sede publicó el texto del Mensaje del Santo Padre para esta Jornada Mundial de Oración anual, fecha que recuerda la importancia de este tema explicado también en la Carta Encílica “Laudato si” (Alabado seas) sobre el cuidado de la casa común publicada en la Solemnidad de Pentecostés de 2015.

Queridos hermanos y hermanas:

Cada an?o, en particular desde la publicacio?n de la Carta enci?clica Laudato si’ (LS, 24 mayo 2015), el primer di?a de septiembre la familia cristiana celebra la Jornada mundial de oracio?n por el cuidado de la creacio?n, con la que comienza el Tiempo de la Creacio?n, que finaliza el 4 de octubre, en memoria de san Francisco de Asi?s. En este peri?odo, los cristianos renuevan en todo el mundo su fe en Dios creador y se unen de manera especial en la oracio?n y tarea a favor de la defensa de la casa comu?n.

Me alegra que el tema elegido por la familia ecume?nica para la celebracio?n del Tiempo de la Creacio?n 2020 sea “Jubileo de la Tierra”, precisamente en el an?o en el que se cumple el cincuentenario del Di?a de la Tierra.

En la Sagrada Escritura, el Jubileo es un tiempo sagrado para recordar, regresar, descansar, reparar y alegrarse.

1. Un tiempo para recordar

Estamos invitados a recordar sobre todo que el destino u?ltimo de la creacio?n es entrar en el “sa?bado eterno” de Dios. Es un viaje que se desarrolla en el tiempo, abrazando el ritmo de los siete di?as de la semana, el ciclo de los siete an?os y el gran An?o Jubilar que llega al final de siete an?os saba?ticos.

El Jubileo es tambie?n un tiempo de gracia para hacer memoria de la vocacio?n original de la creacio?n con vistas a ser y prosperar como comunidad de amor. Existimos so?lo a trave?s de las relaciones: con Dios creador, con los hermanos y hermanas como miembros de una familia comu?n, y con todas las criaturas que habitan nuestra misma casa. «Todo esta? relacionado, y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinacio?n, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une tambie?n, con tierno carin?o, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano ri?o y a la madre tierra» (LS, 92).

Por lo tanto, el Jubileo es un momento para el recuerdo, para conservar la memoria de nuestra existencia interrelacional. Debemos recordar constantemente que «todo esta? relacionado, y que el aute?ntico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los dema?s» (LS, 70).

2. Un tiempo para regresar

El Jubileo es un momento para volver atra?s y arrepentirse. Hemos roto los lazos que nos uni?an al Creador, a los dema?s seres humanos y al resto de la creacio?n. Necesitamos sanar estas relaciones dan?adas, que son esenciales para sostenernos a nosotros mismos y a todo el entramado de la vida.

El Jubileo es un tiempo para volver a Dios, nuestro creador amoroso. No se puede vivir en armoni?a con la creacio?n sin estar en paz con el Creador, fuente y origen de todas las cosas. Como sen?alo? el papa Benedicto, «el consumo brutal de la creacio?n comienza donde no esta? Dios, donde la materia es so?lo material para nosotros, donde nosotros mismos somos las u?ltimas instancias, donde el conjunto es simplemente una propiedad nuestra» (Encuentro con el Clero de la Dio?cesis de Bolzano-Bressanone, 6 agosto 2008).

El Jubileo nos invita a pensar de nuevo en los dema?s, especialmente en los pobres y en los ma?s vulnerables. Estamos llamados a acoger de nuevo el proyecto original y amoroso de Dios para la creacio?n como una herencia comu?n, un banquete para compartir con todos los hermanos y hermanas en un espi?ritu de convivencia; no en una competencia desleal, sino en una comunio?n gozosa, donde nos apoyamos y protegemos mutuamente. El Jubileo es un momento para dar libertad a los oprimidos y a todos aquellos que esta?n encadenados a las diversas formas de esclavitud moderna, incluida la trata de personas y el trabajo infantil.

Tambie?n debemos volver a escuchar la tierra, que las Escrituras indican como adamah, el lugar del que fue formado el hombre, Ada?n. Hoy la voz de la creacio?n nos urge, alarmada, a regresar al lugar correcto en el orden natural, a recordar que somos parte, no duen?os, de la red interconectada de la vida. La desintegracio?n de la biodiversidad, el vertiginoso incremento de los desastres clima?ticos, el impacto desigual de la pandemia en curso sobre los ma?s pobres y fra?giles son sen?ales de alarma ante la codicia desenfrenada del consumo.

Particularmente durante este Tiempo de la Creacio?n, escuchamos el latido del corazo?n de todo lo creado. En efecto, esta ha sido dada para manifestar y comunicar la gloria de Dios, para ayudarnos a encontrar en su belleza al Sen?or de todas las cosas y volver a e?l (cf. S. Buenaventura, In II Sent., I, 2,2, q.1, concluido; Brevil., II, 5.11). La tierra de la que fuimos extrai?dos es, por tanto, un lugar de oracio?n y meditacio?n: «Despertemos el sentido este?tico y contemplativo que Dios puso en nosotros» (Exhort. ap. Querida Amazonia, 56). La capacidad de maravillarnos y contemplar es algo que podemos aprender especialmente de los hermanos y hermanas indi?genas, que viven en armoni?a con la tierra y sus mu?ltiples formas de vida.

3. Un tiempo para descansar

En su sabiduri?a, Dios reservo? el sa?bado para que la tierra y sus habitantes pudieran reposar y reponerse. Hoy, sin embargo, nuestro estilo de vida empuja al planeta ma?s alla? de sus li?mites. La continua demanda de crecimiento y el incesante ciclo de produccio?n y consumo esta?n agotando el medio ambiente. Los bosques se desvanecen, el suelo se erosiona, los campos desaparecen, los desiertos avanzan, los mares se vuelven a?cidos y las tormentas se intensifican: ¡la creacio?n gime!

Durante el Jubileo, el Pueblo de Dios fue invitado a descansar de su trabajo habitual, para permitir que la tierra se regenerará y el mundo se reorganizará, gracias al declive del consumo habitual. Hoy necesitamos encontrar estilos de vida equitativos y sostenibles, que restituyan a la Tierra el descanso que se merece, medios de subsistencia suficientes para todos, sin destruir los ecosistemas que nos mantienen.

La pandemia actual nos ha llevado de alguna manera a redescubrir estilos de vida ma?s sencillos y sostenibles. La crisis, en cierto sentido, nos ha brindado la oportunidad de desarrollar nuevas formas de vida. Se pudo comprobar co?mo la Tierra es capaz de recuperarse si la dejamos descansar: el aire se ha vuelto ma?s limpio, las aguas ma?s transparentes, las especies animales han regresado a muchos lugares de donde habi?an desaparecido. La pandemia nos ha llevado a una encrucijada. Necesitamos aprovechar este momento decisivo para acabar con actividades y propo?sitos superfluos y destructivos, y para cultivar valores, vi?nculos y proyectos generativos. Debemos examinar nuestros ha?bitos en el uso de energi?a, en el consumo, el transporte y la alimentacio?n. Es necesario eliminar de nuestras economi?as los aspectos no esenciales y nocivos y crear formas fructi?feras de comercio, produccio?n y transporte de mercanci?as.

4. Un tiempo para reparar

El Jubileo es un momento para reparar la armoni?a original de la creacio?n y sanar las relaciones humanas perjudicadas.

Nos invita a restablecer relaciones sociales equitativas, restituyendo la libertad y la propiedad a cada uno y perdonando las deudas de los dema?s. Por eso, no debemos olvidar la historia de explotacio?n del sur del planeta, que ha provocado una enorme deuda ecolo?gica, principalmente por el saqueo de recursos y el uso excesivo del espacio medioambiental comu?n para la eliminacio?n de residuos. Es el momento de la justicia restaurativa. En este sentido, renuevo mi llamamiento para cancelar la deuda de los pai?ses ma?s fra?giles ante los graves impactos de la crisis sanitaria, social y econo?mica que afrontan tras el Covid-19. Tambie?n es necesario asegurar que los incentivos para la recuperacio?n, que se esta?n desarrollando e implementando a nivel global, regional y nacional, sean realmente eficaces, con poli?ticas, legislaciones e inversiones enfocadas al bien comu?n y con la garanti?a de que se logren los objetivos sociales y ambientales globales.

Es igualmente necesario reparar la tierra. Restaurar el equilibrio clima?tico es sumamente importante, puesto que estamos en medio de una emergencia. Se nos acaba el tiempo, como nos lo recuerdan nuestros nin?os y jo?venes. Se debe hacer todo lo posible para limitar el crecimiento de la temperatura media global por debajo del umbral de 1,5 grados centi?grados, tal como se ratifico? en el Acuerdo de Pari?s sobre el Clima: ir ma?s alla? resultara? catastro?fico, especialmente para las comunidades ma?s pobres del mundo. En este momento cri?tico es necesario promover la solidaridad intrageneracional e intergeneracional. En preparacio?n para la importante Cumbre del Clima en Glasgow, Reino Unido (COP 26), insto a cada pai?s a adoptar objetivos nacionales ma?s ambiciosos para reducir las emisiones.

Restaurar la biodiversidad es igualmente crucial en el contexto de una desaparicio?n de especies y una degradacio?n de los ecosistemas sin precedentes. Es necesario apoyar el llamado de las Naciones Unidas para salvaguardar el 30% de la Tierra como ha?bitat protegido para 2030, a fin de frenar la alarmante tasa de pe?rdida de biodiversidad. Exhorto a la comunidad internacional a trabajar unida para asegurar que la Cumbre de Biodiversidad (COP 15) en Kunming, China, sea un punto de inflexio?n hacia el restablecimiento de la Tierra como una casa donde la vida sea abundante, de acuerdo con la voluntad del Creador.

Estamos obligados a reparar segu?n justicia, asegurando que quienes han habitado una tierra durante generaciones puedan recuperar plenamente su uso. Las comunidades indi?genas deben ser protegidas de las empresas, en particular de las multinacionales, que, mediante la extraccio?n delete?rea de combustibles fo?siles, minerales, madera y productos agroindustriales, «hacen en los pai?ses menos desarrollados lo que no pueden hacer en los pai?ses que les aportan capital» (LS, 51). Esta mala conducta empresarial representa un «nuevo tipo de colonialismo» (S. JUAN PABLO II, Discurso a la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, 27 abril 2001, citado en Querida Amazonia, 14), que explota vergonzosamente a las comunidades y pai?ses ma?s pobres que buscan con desesperacio?n el desarrollo econo?mico. Es necesario consolidar las legislaciones nacionales e internacionales, para que regulen las actividades de las empresas extractivas y garanticen a los perjudicados el acceso a la justicia.

5. Un tiempo para alegrarse

En la tradicio?n bi?blica, el Jubileo representa un evento gozoso, inaugurado por un sonido de trompeta que resuena en toda la tierra. Sabemos que el grito de la Tierra y de los pobres se ha vuelto au?n ma?s fuerte en los u?ltimos an?os. Al mismo tiempo, somos testigos de co?mo el Espi?ritu Santo esta? inspirando a personas y comunidades de todo el mundo a unirse para reconstruir nuestra casa comu?n y defender a los ma?s vulnerables. Asistimos al surgimiento paulatino de una gran movilizacio?n de personas, que desde la base y desde las periferias esta?n trabajando generosamente por la proteccio?n de la tierra y de los pobres. Da alegri?a ver a tantos jo?venes y comunidades, especialmente indi?genas, a la vanguardia de la respuesta a la crisis ecolo?gica. Piden un Jubileo de la Tierra y un nuevo comienzo, conscientes de que «las cosas pueden cambiar» (LS, 13).

Tambie?n es motivo de alegri?a constatar co?mo el An?o especial en el aniversario de la Enci?clica Laudato si’ esta? inspirando numerosas iniciativas, a nivel local y mundial, para el cuidado de la casa comu?n y los pobres. Este an?o deberi?a conducir a planes operativos a largo plazo para lograr una ecologi?a integral en las familias, parroquias, dio?cesis, o?rdenes religiosas, escuelas, universidades, atencio?n me?dica, empresas, granjas y en muchas otras a?reas.

Nos alegramos adema?s de que las comunidades de creyentes se este?n uniendo para crear un mundo ma?s justo, paci?fico y sostenible. Es motivo de especial alegri?a que el Tiempo de la Creacio?n se este? convirtiendo en una iniciativa verdaderamente ecume?nica. ¡Sigamos creciendo en la conciencia de que todos vivimos en una casa comu?n como miembros de la misma familia!

Alegre?monos porque, en su amor, el Creador apoya nuestros humildes esfuerzos por la Tierra. Esta es tambie?n la casa de Dios, donde su Palabra «se hizo carne y habito? entre nosotros» (Jn 1,14), el lugar donde la efusio?n del Espi?ritu Santo se renueva constantemente.

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