Papa Francisco: Navidad es oportunidad para redescubrir la familia

En esta ocasión, el Santo Padre dirigió su mensaje de Navidad desde el aula de las bendiciones, y no desde el balcón central de la fachada de la Basílica de San Pedro, debido a las restricciones sanitarias provocadas por el COVID-19.

“Que la Navidad sea para todos una oportunidad para redescubrir la familia como cuna de vida y de fe; un lugar de amor que acoge, de diálogo, de perdón, de solidaridad fraterna y de alegría compartida, fuente de paz para toda la humanidad”, invitó el Papa.

En esta línea, el Santo Padre destacó que “Jesús nació en un establo, pero envuelto en el amor de la Virgen María y san José. Al nacer en la carne, el Hijo de Dios consagró el amor familiar” y añadió: “mi pensamiento se dirige en este momento a las familias: a las que no pueden reunirse hoy, así como a las que se ven obligadas a quedarse en casa”.

Además, el Papa advirtió que en Navidad “ha nacido un niño” y agregó que “el nacimiento es siempre una fuente de esperanza, es la vida que florece, es una promesa de futuro. Y este Niño, Jesús, ‘ha nacido para nosotros’: un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones”.

“El Niño que la Virgen María dio a luz en Belén nació para todos: es el ‘hijo’ que Dios ha dado a toda la familia humana. Gracias a este Niño, todos podemos dirigirnos a Dios llamándolo ‘Padre’, ‘Papá’. Jesús es el Unigénito; nadie más conoce al Padre sino Él. Pero Él vino al mundo precisamente para revelarnos el rostro del Padre celestial. Y así, gracias a este Niño, todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos: de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas, con nuestras identidades y diferencias. Sin embargo, todos hermanos y hermanas”, afirmó.

En este sentido, el Pontífice dijo que “en este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad. Y Dios nos la ofrece dándonos a su Hijo Jesús: no una fraternidad hecha de bellas palabras, de ideales abstractos, de sentimientos vagos... No. Una fraternidad basada en el amor real, capaz de encontrar al otro que es diferente a mí, de compadecerse de su sufrimiento, de acercarse y de cuidarlo, aunque no sea de mi familia, de mi etnia, de mi religión; es diferente a mí, pero es mi hermano, es mi hermana. Y esto es válido también para las relaciones entre los pueblos y las naciones. Hermanos todos”.

Por ello, el Santo Padre señaló que “en este día de fiesta pienso de modo particular en todos aquellos que no se dejan abrumar por las circunstancias adversas, sino que se esfuerzan por llevar esperanza, consuelo y ayuda, socorriendo a los que sufren y acompañando a los que están solos”.

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