Hoy 3 de mayo, la Iglesia recuerda a los santos apóstoles Felipe y Santiago

San Felipe, originario de Betsaida y discípulo de Juan el bautista, anheló por mucho tiempo la llegada del gran Mesías. De esta manera, Jesús, al comenzar su predicación lo llama a ser uno de sus primeros discípulos. Posteriormente, Felipe recibió el Espíritu Santo en Pentecostés junto a los demas apóstoles y la Virgen María.

Fue apedreado y crucificado en Hierápolis. En el siglo VI, sus reliquias fueron llevadas a Roma y colocadas en la Basílica de los Doce Apóstoles. El martirologio de la Edad Media, celebraba su fiesta el primero de mayo pero posteriormente se desplazó la fecha al tres del mismo mes.

Santiago caminaba silencioso, de un espíritu austero. Siempre estaba atento a las parábolas de Jesús. En cierta ocasión, Jesús lo eligió para formar parte de sus discípulos, a partir de ese momento, acompaño y en distintos momentos del Evangelio, como la oración en el huerto de los Olivos o la aparicion de Cristo despúes de su resurección.

Se le denomina el que intercede en el pueblo. Según la tradición, recibe este sobrenombre porque siempre pedía perdón a Dios mientras oraba. Además, la misma tradición mantiene un episodio en el que Santiago fue causante de un escándalo entre fariseos y escribas, luego, el sumo sacerdote Anás II, lo interrogo diciendo: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Durante este pedido, Santiago respondió: “Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios".

 

 

 

 

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