Carta de Navidad

En estas fiestas navideñas, llenas de regalos, gastos y consumismo, hago llegar unos breves pensamientos y reflexiones:

¿Sabías que Navidad significa Navegar por la vida? ¡Ni yo!, lo acabo de inventar. Pero sería un buen significado: “navegar por la vida con Jesús”.

¿Qué es la Navidad, sino un momento de reflexión? Reflexión de paz, armonía, abrazos, perdón y amor. Momentos en familia, celebrando al Niño Jesús. Reflexión sobre el milagro de la vida, el amor y la familia, sobre la vida y los motivos de agradecer. Reflexionamos y damos gracias Dios por su regalo. En Navidad procuramos olvidar los rencores, los malos entendidos y enojos; dejamos atrás los problemas; abrazamos al ser querido y si es necesario, pedimos perdón. Navidad es tiempo de amar, de dar y esperar. La Navidad une corazones, nos llena de ilusiones y nos da esperanzas de un futuro mejor.

Esta Navidad deseo que tengamos motivos para creer, que toda nuestra vida se llene de esperanza e ilusión y que estos bellos días estén llenos de milagros. Que sea un tiempo especial para todos, en el que nos permitamos volver a soñar y podamos abrazar a todos los nuestros; que sea una Navidad especial, llena de amor; un tiempo de grandes gracias y bendiciones.

La Navidad nos bendice dándonos tareas para realizar: compartir con los más pobres, cuidar al enfermo, dar unas palabras de paz al que sufre; con sólo dar un poquito de ti, puedes arreglar mucho de la vida de otros. Ayudar a los demás sería el mejor regalo que le puedas dar a Dios y no suele ser tan difícil iluminar el día de quien está en necesidad. Esta Navidad prueba compartir con amor y generosidad: “haz la prueba y verás, qué bueno es el Señor” (Salmo 33)

Que está Navidad sea un nuevo comienzo para ti y los tuyos; que los viejos rencores queden atrás y que se reavive el amor que un día los unió. Vivamos felices, pues una vez más tenemos la dicha de abrazar a nuestros amigos, seres queridos y familia que son parte de nuestra historia y vida. Llena tu hogar y tu rostro de sonrisas y alegrías, de buenas intenciones y acciones. ¡Que todos reciban algo de ti!

Que las estrellas que brillan en el firmamento nos guíen hacía el camino de la bondad, la paz y tranquilidad que debería haber dentro de nosotros. Recibamos la Navidad con un corazón renovado; dispuestos a dar la ternura que tanta falta hace en este mundo. Cada uno puede hacer que otra persona sea feliz con sólo abrazarla y apoyarla. Son regalos que nada cuestan, pero que hacen gran bien tanto para quien los da como para quien los recibe. Vive la Navidad con corazón, con un gran y buen corazón, como el corazón del mismo Jesús.

A veces nuestros corazones pierden el camino de la paz y la alegría; es fácil verlos por ahí, cabizbajos, llenos de problemas, perdiendo la fe, perdiendo la esperanza, perdiendo el sentido de la vida.

A veces nuestros corazones parecen olvidarse de Dios. Por eso, cada año, la Navidad regresa a recordarnos el júbilo del Dios Niño que vino a dar su vida por nosotros, a recordarnos la humildad de un Jesús que quiso ser hijo de un carpintero y aprender de la vida de los pobres. Por eso llenamos todo de luces que parecen pequeñas estrellas: así recordamos a nuestros corazones que ellos no pertenecen a la tierra, sino al Cielo, y que su lugar está allá arriba.

Amada Familia de Radio María, en esta Navidad:

Elevemos nuestros ojos hacia la estrella que anuncia la llegada del Mesías y con nuestras miradas se elevarán también nuestros corazones.

Elevemos al cielo la plegaria de la gratitud y la alegría y hagamos correr por todas partes la noticia del nacimiento de nuestro Salvador.

La Navidad está de nuevo entre nosotros, recordándonos que todos somos hijos del Padre, llamando a nuestros corazones a unirse a los cánticos del cielo.

La Navidad es una lección de humildad, de fe, amor y esperanza: que su milagro nos enseñe a mantener el corazón levantado hacia el Señor y pedir por la paz del mundo.

Así, unidos frente al Nacimiento, de rodillas hagamos una humilde oración, por los presentes y por los que se fueron; dando las gracias porque pese a nuestras flaquezas, errores y remiendos, jamás nos sentimos abandonados por Él.

Sin duda, si Jesús pudiera pedirnos algo, Él nos diría: “me agradaría muchísimo más nacer todos los días en el corazón de mis hermanos y amigos y que me permitieran morar ahí para ayudarles cada día en todas sus dificultades, para que puedan palpar el gran amor que siento por todos; porque no sé si lo sepas, pero hace más de dos mil años entregué mi vida para salvarte de la muerte y mostrarte el gran amor que te tengo…

Por eso lo que pido es que me dejes entrar en tu corazón. Llevo años tratando de entrar, pero hasta hoy no me has dejado. “Mira yo estoy llamando a la puerta, si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Apocalipsis 3,20) Confía en mí, abandónate en mí. Este será otro mejor regalo que me puedas dar.

Por eso, gracias a que existe la Navidad y nació Jesús, tengo alguien a quién entregarme, cuando he perdido la última batalla... y él me hace resurgir de las cenizas para seguir luchando, cuando todo parece imposible y finalmente triunfar. Cuando llega la Navidad, me doy cuenta que el amor es lo único que importa. Por eso, agradezco las vivencias que me da la Navidad, desde aquel juguete, hasta el abrazo de quienes amo.

Que con los Ángeles entonemos el cántico que llene la tierra: ¡Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que aman al Señor! (Lucas 2,14)

Con mi oración y bendición.

P. Marco Bayas O. CM

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