Cristo Rey del Universo

La celebración de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, es Fiesta de la Iglesia Universal, la instituyó el Papa Pío XI, el 11 de diciembre de 1925.

Jesucristo dice a Pilatos: "Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto vine al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos; pero mi Reino no es de aquí." (Jn 18,36-37)

1° Cristo Rey, ansía reinar en nuestros corazones, no como los reinados humanos; Él no domina ni se impone, pues no ha venido a ser servido sino a servir; no espera de nosotros vanos razonamientos, sino hechos, porque no todo aquel que dice ¡Señor!, ¡Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre celestial, ése entrará.” (Mt 7,21)

2° “Luego, tú eres rey…" ¡Sí, Cristo es Rey!, no sólo concede audiencia, sino que, en delirio de Amor, abandona el palacio del Cielo, para ser uno de nosotros, y nos espera en el Sagrario. ¡Vamos presurosos a hablar con Él!

3° Jesús quiere reinar en el corazón humano. Por eso se hace Niño, porque ¿quién no ama a una criatura? ¿Dónde está el Rey? ¿Dónde está el Cristo, que el Espíritu Santo forma en nuestra alma? No está en la soberbia que nos separa de Dios, ni en la falta de caridad que nos aísla. Ahí no el Señor; ahí el hombre se queda solo.

4° Cristo debe reinar en nuestra alma. ¿Qué respondemos, si Él pregunta: ¿cómo me dejas reinar en ti? Para esto necesito su gracia abundante: sólo así hasta el último latido, hasta la última respiración, hasta la mirada menos intensa, hasta la palabra más corriente, hasta la sensación más elemental se traducirán en un ¡hosanna a Cristo Rey!

5° Ante los que reducen la fe a un cúmulo de negaciones, o se conforman con un catolicismo de media tinta; ante los que quieren poner al Señor de cara a la pared, o colocarle en un rincón del alma: afirmamos con nuestras palabras y obras, que hacemos de Cristo un auténtico Rey de los corazones.

6° Si dejamos que Cristo reine en nuestra alma, no nos convertiremos en dominadores, seremos servidores de todos. ¡Servicio! ¡Qué bella palabra! Servir al Rey y, por Él, a todos los redimidos con su sangre. ¡Si los cristianos supiésemos servir! Es hora de confiar al Señor nuestra decisión de aprender la tarea de servir, porque sólo sirviendo podremos conocer y amar a Cristo, y al darlo a conocer, lograr que otros lo amen.

7° A esto estamos llamados los cristianos, es nuestra tarea apostólica y el afán que debe tener el alma: lograr que sea realidad el reino de Cristo, que no haya más odios ni crueldades, que extendamos en la tierra el bálsamo fuerte y pacífico del amor, de la fe y de la esperanza.

8° Que nuestro Rey nos haga colaborar humilde y fervorosamente en su propósito de unir lo roto, de salvar lo perdido, de ordenar lo desordenado, de llevar a su fin lo que se descamina, de reconstruir la concordia de todo lo creado, de trabajar para que venga la paz.

9° La fe en compromiso con el prójimo nos guarda sin mancha del mundo, nos mantiene limpios. La fe que busca la integralidad de la espiritualidad cristiana, no puede prescindir del prójimo y limitarse a ver o sólo lo interno o sólo lo externo; una fe que no nos reconecta a Dios, es una mentira humana para los incapaces de sentirse movidos a misericordia ante el prójimo empobrecido o sufriente; una mentira teñida de hipocresía; en fin, una fe “desprojimizada” que está a años luz del auténtico cristianismo que nos deja Jesús

10° Celebramos la fiesta de Cristo Rey. Y si alguno entiende el reino de Cristo como un programa político, no ha profundizado en el fin sobrenatural de la fe y estaría a un paso de gravar las conciencias con pesos que no son los de Jesús, porque su yugo es suave y su carga ligera. Amemos a todos; amemos a Cristo, por encima de todo; y no tendremos más remedio que amar la libertad de los otros, en una pacífica y razonable convivencia.


P. Marco Bayas O. CM

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