Actitudes Marianas para vivir el Adviento

Con el Adviento, empieza el año litúrgico, período comprendido entre el cuarto domingo antes de Navidad y el día de Nochebuena. Sus colores litúrgicos son el morado y el rosa, como signo de esperanza y penitencia.

Adviento es un período privilegiado para los cristianos, pues nos invita a recordar el pasado, nos impulsa a vivir el presente y a preparar el futuro.

Al iniciar el Adviento, permítanme meditar tres palabras que cobran vida especialmente en María, la Virgen de la Espera y, que sintetizan la actitud para vivir este tiempo: escucha, decisión y acción.

Estas actitudes indican un camino para nosotros ante lo que nos pide el Señor en la vida. María como figura del Adviento, junto con Isaías, con el Bautista, con José, etc. no da la pista adecuada.

1° ¡Escucha!: María sabe escuchar a Dios. No es un simple “oír” superficial, sino la “escucha” atenta, de acogida y disponibilidad con Dios. Esto vale para nuestra vida: escuchar a Dios que nos habla y escuchar las realidades cotidianas: a las personas y a los hechos, porque el Señor está a la puerta de nuestra vida y llama de muchas formas, pone signos en nuestro camino; nos da la capacidad de verlos.

2° ¡Decisión! y ¡prontitud!: María no vive “deprisa”, con angustia y estrés, pero como dice san Lucas: “meditaba todas estas cosas en su corazón” (Lc 2,19.51); incluso en el momento decisivo de la Anunciación del Ángel, ella pregunta: “¿Cómo será eso?” (Lc 1,34) No vive deprisa, sólo cuando es necesario “va deprisa”. María va a contracorriente; se pone a la escucha de Dios, reflexiona y trata de comprender la realidad y se abandona totalmente a Dios.

3° ¡Acción!: María se puso en camino y “fue deprisa…” (Lc 1,39) En la oración ante Dios que habla, al reflexionar y meditar acerca de los hechos de su vida, María no tiene prisa, no se deja llevar por el momento ni arrastrar por los acontecimientos. Pero cuando tiene claro lo que Dios le pide y lo que debe hacer, no se detiene, no se demora, sino que va “deprisa”. San Ambrosio dice: “La gracia del Espíritu Santo no comporta lentitud”.

Hoy vivimos deprisa y, tantas veces, corremos hacia ninguna parte. Ve pronto y con decisión, acude al hermano pobre y necesitado, y encontrarás a Dios: “Anda y haz tú lo mismo”, recomendó Jesús al maestro de la Ley tras la parábola del samaritano. Nosotros gritamos: ¡Marana tha!: ¡Ven Señor, Jesús!; Él nos dice: “Vengo pronto”. ¡Ven, Señor, te necesitamos!

Estas tres actitudes de Santa María las necesitamos en nuestra vida de creyentes. Sobre todo, en el tiempo de Adviento, tiempo de preparación para recibir el Misterio de Dios, que en su inmenso amor revela su Misterio de amor, anonadándose y revistiéndose de nuestra naturaleza, para vibrar con todo lo humano, para vivir, amar y morir como hombre, y mostrarnos de esta manera el estilo, el camino. Tres palabras para recibir, celebrar y vivir el Misterio de Navidad, el Misterio de Dios que se hace hombre, para comunicarnos la inmensa riqueza de su amor.

A propósito, unas hermosas palabras de Pablo VI que se tornan oración:

Al comentar el misterio del Nacimiento de Cristo… nos parece que debemos dirigiros una invitación, casi una llamada, un grito: ¡Venid!

¡Venid porque se os espera!; ¡Venid, que se os conoce!; ¡Venid, porque algo estupendamente bueno está preparado para vosotros! ¡Venid!

Repetiremos, pues, el celestial mensaje del Ángel en la noche reveladora de Belén: “¡Os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo Señor!” (Lc 2,10-11) Por eso, ¡adeste fideles! ¡Acercaos, oh fieles, os diremos con el canto pastoril del pesebre… ¡Venid! ¡Venid todos!

PISTAS PARA VIVIR LA ESPIRITUALIDAD DEL ADVIENTO

La alegría de la Navidad dependerá de cómo vivamos el Adviento, invito a vivirlo “como si fuera el último de nuestras vidas; ¡de hecho podría serlo!”, Jesús nos pide estar alerta, despiertos, listos y preparados para su venida, “porque no sabemos el día ni la hora”. Algunas sugerencias y pistas para vivir y santificar este tiempo santo:

1° Practicar el silencio.

Miremos al profeta Elías y su experiencia con Dios en el silencio de la montaña. Eliminar el ruido innecesario de la vida y busca los minutos para guardar silencio. Esto significa, desconectarse de todo tipo de “contaminación acústica”.

2° Hacer oración personal, familiar y comunitariamente.

Hay que encontrar lugar para orar en este tiempo santo. La Iglesia anima a los fieles y a las familias a intensificar en el Adviento la vida de oración. Las formar de orar son muchas: la Liturgia de las Horas, los Salmos, hacer una Hora Santa, la Lectio Divina, en la Santa Misa; hacer examen de conciencia, rezar el Santo Rosarios, contemplar el Misterio del Belén, leer un buen libro sobre la oración, etc.

3° Servir a los pobres.

En Adviento, encontremos la forma de servir a los pobres; pues Jesús se manifiesta en ellos. Santa Teresa de Calcuta dice: “debemos descubrir a Jesús en el disfraz angustioso de los pobres”. Leer en Mateo 25,31-46, la parábola del Juicio Final; el Señor dice que nuestro juicio se basará en la manera en cómo tratamos a los pobres. Y nunca olvidar que “la caridad comienza en casa”.

4° Frecuentar la Santa Misa en Adviento.

Intentar ir a Misa todos los días del Adviento. Si ya asistes a Misa diaria, da un paso más… Llega antes para prepararte mejor; lleva a los miembros de tu familia, a un amigo, para que se encuentren con Jesús en la Eucaristía.

5° Imitar a Nuestra Señora, la Virgen María.

En el clásico libro mariano escrito por san Luis María Grignón de Monfort: “La Devoción a María”, exalta las diez virtudes de la Virgen a imitar, y más aún en el Adviento: humildad profunda, fe viva, obediencia ciega, oración incesante, abnegación constante, superior pureza, amor ardiente, paciencia heroica, bondad angelical y sabiduría celestial.

¿Por qué no elegir una o varias de estas virtudes Marianas, suplicar por su intercesión la gracia de imitarlas y, durante el Adviento, esforzarse para vivirlas más plenamente? Pues, María es el camino más corto, más rápido y más fácil para llegar al Corazón de Jesús.

Además, el canto a la Virgen María para este tiempo es Redemptoris Mater: Madre del Redentor.

Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.

Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permaneces siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.

6° Expectación y Preparación.

Expectantes, porque el Señor volverá, en gloria y majestad, en la Parusía y, preparados porque hacemos memoria de la Navidad, cuando Él vino en la humildad de la carne para salvarnos.

 

7° Todo a su tiempo.

Desde el primer domingo de adviento y hasta el día 16 de diciembre, incluido, no se habla de Navidad, sino de Parusía (qué esperamos); y a partir del 17 de diciembre y hasta el 24, incluido, no se habla de Parusía, sino de Navidad (qué conmemoramos)

8° Un libro para leer y meditar en este tiempo.

Sin duda, el Libro del Profeta Isaías. Para situarnos mejor, leer la introducción al libro y las notas a pie de página.

Isaías es uno de los personajes importantes del tiempo de Adviento, junto con María y Juan Bautista; ¿por qué? Porque muchas de las lecturas de la liturgia de este tiempo están tomadas de sus escritos. Él anuncia, proféticamente, la venida del Mesías y de los tiempos mesiánicos.

9° En adviento la Iglesia está contenta, no penitente.

Por eso, durante las cuatro semanas cantamos ¡Aleluya! Sin embargo, para que en Navidad podamos imitar el canto de los ángeles, durante estas cuatro semanas no cantamos ¡Gloria!

10° Los signos externos ayudan.

La corona de Adviento, desde el primer domingo, la podemos preparar en familia y para la parroquia, el árbol de Navidad y el Belén, para la última parte de este tiempo. Las luces, velas, cantos, etc., que significan mayor vigilancia, ¡no mayor consumo!

¡Feliz tiempo de Adviento!

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