La creación nos llama a ser felices

“Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios con estas palabras: Sed fecundos y multiplicaos, y henchid la tierra, y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves del cielo y en todo animal que repta sobre la tierra” (Génesis 1,27-28)

En el primer capítulo de la historia de la creación, leemos que Dios creó a la humanidad – tanto varón como mujer – a su propia imagen, y que Él los bendijo y les mandó que fueran fructíferos y que cuidaran la tierra. Desde un principio, Dios se muestra como el Creador que vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Aquí descubrimos el plan de Dios para nuestras vidas.

Muchos, si no la mayoría, de los cristianos de hoy desechan la historia de la creación, considerándola un mito. Otros insisten que sólo es válida la interpretación más estricta y más literal de Génesis.

Sin embargo, aún los científicos nos advierten que la Biblia no se debe tomar demasiado literalmente. Y San Pedro dice: “Mas una cosa no podéis ignorar, queridos: que ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día” 2 Pedro 3,8.

La imagen de Dios nos hace seres singulares

La manera exacta en que fueron creados los seres humanos seguirá siendo un misterio que sólo el Creador puede revelar. Sin embargo, ninguna persona puede encontrar significado ni propósito en su vida sin Dios.

En vez de desechar la historia de la creación simplemente porque no la entendemos, debemos encontrar su verdadero significado profundo y volver a descubrir su eficacia para nosotros hoy. En nuestra época degenerada, casi se ha perdido completamente la reverencia para el plan de Dios según los fines con que Él nos creó y el significado de la creación.

En Génesis 2,7 se nos dice que tenemos el Espíritu Santo de Dios que nos convirtió en seres responsables con la libertad de pensar y actuar, y de hacerlo con amor; por ende en el momento en que nos separemos de Dios, perdemos de vista nuestro propósito aquí en la tierra.

Todos anhelamos lo eterno.- Dentro de lo más profundo del espíritu humano existe el deseo de conocer lo que es perdurable e imperecedero.

Dios ha colocado la eternidad en nuestros corazones, y en lo más profundo de cada uno de nosotros existe ese anhelo por conseguirla.

Si negamos esto y vivimos sólo el presente, todo lo que nos sucede en la vida quedará cubierto de suposiciones tormentosas, y seguiremos profundamente insatisfechos.

Llamados a ser felices

Dios al Bendecirnos en la creación, nos colmó con su amor y nos predestinó a la felicidad mediante la fecundidad en el matrimonio y el cuidado de todo lo creado.  Pero en nuestra ceguera y dureza de corazón nosotros nos alejamos de este plan perfecto de amor.

Por eso, cuando estamos separados de Dios, nuestra conciencia titubeará y se descarriará. Cada vez que actuamos fuera del plan de Dios, nuestra conciencia nos acusará, pero si le hacemos caso, nos guiará para decidir lo que debemos hacer de manera personal, así como también en nuestro matrimonio, la familia, el trabajo, etc.

Conforme al plan propuesto por Dios para ser felices, el hombre y la mujer deben estar juntos para complementarse conforme al mandato divino y así ambos encontrarse unidos a la fuente del amor que es su Creador que los unió para ser uno en Él.

Por esta razón es penoso que en muchos aspectos de la sociedad actual, las diferencias entre el hombre y la mujer han quedado distorsionadas; la imagen pura y natural de Dios se está destruyendo.

El matrimonio Sacramento ya no se considera necesario y peor aún sagrado, pues en nuestra sociedad cada vez más se consideran como experimentos o como contratos entre dos personas que miden todo en base a sus propios intereses.

 Por eso es necesario entender que todo lo que Dios ha creado nos ayuda a entender su naturaleza: las montañas majestuosas, los océanos inmensos, los ríos y las grandes expansiones de agua; las tormentas, los truenos y relámpagos, los grandes témpanos de hielo flotante, los campos, las flores, los árboles y todo cuanto puebla la tierra.

En todo podemos contemplar: poder, aspereza y rigidez masculina, pero también hay ternura, calor materno y sensibilidad que refleja la grandiosidad del complemento divino.

Y así como las diferentes formas de vida en la naturaleza no existen aisladas unas de otras, así también los hijos de Dios, no pueden existir aislados o a solas, necesitan una familia en bendición y para ser realmente felices conforme al hogar de Nazaret.

EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS (San Francisco)

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, especialmente en el Señor hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire y la nube  y el cielo sereno y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor, y sufren enfermedad y tribulación; bienaventurados los que las sufran en paz, porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar. Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor y denle gracias y sírvanle con gran humildad. Amén

 

Por: Eduardo Bayas Oñate, voluntario de Radio María Ecuador.

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